domingo, 23 de noviembre de 2014

EL SEÑOR DEL CÁOS ES UN COBARDE.



  Yo tenía 16 años cuando conocí al primero de los dos hermanos: Daniel. ( He hablado de él en el post del 28 de septiembre dedicado al aniversario de la muerte de Freddi.). Ya he comentado que en aquel  primer encuentro con la belleza, me sentí tan subyugada por ella, y por su gemelo, "el deseo",  que ambas cosas  me destrozaron. No obstante hay algo que añadir al respecto: Me afectó tanto en porque yo no me sentía capaz de acceder a la belleza, y puse a aquel muchacho al que todas deseaban -y que se fijó en mí-, en un bendito pedestal.

   También os comenté que aquello duró solo un mes. ¡Y qué mes! Él tenía miedo de vernos a menudo porque decía que se cansaba pronto de todas las relaciones, y que no quería que eso le ocurriera conmigo, así que sólo nos un rato durante los fines de semana.
 El lunes yo flotaba en una nube, el martes bajaba las escaleras, el miércoles ponía los pies en tierra, el jueves le sentía distante, el viernes casi ni recordaba su existencia, pero el teléfono callado era siempre una amenaza cuando llegaba la tarde en que esperaba su llamada,
   Un día me dijo que me quería. Fue, tal vez, la segunda semana. De puro asombro, fui incapaz de decirle que aquello de que "quererse" era algo que sucedía con el tiempo, y le contesté que yo también. Un día hablamos de "hacerlo", ninguno de los dos lo había intentado antes, así que le advertí de los cuidados y precauciones que debíamos tomar, de que no podía ser en cualquier sitio ni de cualquier manera y que al ser la primera vez era algo importante.
  Entonces comenzó la cuenta atrás.
No volvió a hablar del tema y cuando yo le pregunté, esquivó. Las dos veces siguientes fueron de mal en peor. Frío, distante, le notaba alejarse sin que pudiera hacer nada más que discutir con él, obligarle a posicionarse y a comprometer su palabra, y finalmente, utilizó la única táctica de huída de la que fue capaz...

    Decidió espantarme tratándome mal.
 Cuando yo quería abrazarle me apartaba, cuando quería besarle, me devolvía los besos con crueldad. Empujada hasta el borde de mi amor propio hice lo que él esperaba, lo que había dejado en manos de mi dignidad y la única salida posible:
    Renunciar a mi romance con el deseo y la belleza.... y cortar.

     Hoy en día, aunque yo fui quien llevó las tijeras, él se recuerda a sí mismo como artífice de una ruptura que no se atrevió a ejecutar.
  ¿Odiarle? No, no pude odiarle por muy cobarde que hubiese sido su maniobra. Aquel invierno soporté los embates de mis rivales... chicas que me preguntaban cómo había podido dejarle, que ellas se hubieran arrastrado por el barro por salir con él. Una de ellas me detuvo una tarde,  un día de colegio en que me la crucé por la calle. Estaba completamente borracha, y se arrojó a mis brazos, llorando porque Dani no le hacía caso. Ironías del destino que yo, forzada al abandono tuviese que sujetar a quien  no había podido tenerle, cuando apenas había sido mío. Seis meses más tarde, decidí recorrerme toda la zona de pubs donde acostumbraba a estar... decidida a no regresar a mi casa hasta encontrarle, y decirle que no podía olvidarle, que no le había olvidado. Y lo conseguí. El pub "La Calle" era un precioso local decorado como una calle antigua, con los escaparates de pequeñas tiendas cerradas, aceras, esquinas y hasta una glorieta donde ambos nos sentamos a charlar. Después de un rato me atreví a preguntarle aquello de...
- Para tí soy solo una amiga, ¿verdad?
 Y él bajó elegantemente su hermosa cabeza y asintió en silencio.
Me trató con especial cuidado aquella tarde. Me acompañó después hasta dejarme en manos de gente conocida, y maldije cada gota de su amabilidad como antes había maldecido su crueldad para despegarme de él. Protestaba cuando yo le decía que no quería nada suyo y esa protesta me llenaba más que todas las palabras que dijo en el breve tiempo que salimos juntos.
  Durante los siguientes 16 años fuimos amigos a ratos. En muchos de ellos, deseaba intensamente haber concluido aquel proyecto de sexo primerizo. Él pensaba que habría sido peor. Yo sabía que me hubiera salvado de la obsesión. El sexo no me ata, me hace libre.

    Con 32 años, la situación era otra. Le deseaba solo a ratos, y era consciente de que nunca fue su personalidad lo que me había cautivado, sino una mezcla de belleza y deseo y el hecho de que me había hecho sentir privilegiada por encima de mujeres a las que, hasta entonces, temía como rivales y envidiaba. Habían pasado muchos años. Las cosas para mí tenían una claridad que, de tanto pensar en él, ya había alcanzado en los primeros meses que pasé llorando mi caído pedestal. No había llegado a amarle en modo alguno, no había tenido tiempo, y en realidad, su forma de ser tampoco me gustaba.
     Aún así, fiel a mis afectos, cuando  pidió mi ayuda me comprometí a ella, y una vez más, viendo que estaba dispuesta a darlo todo, emprendió la huida soltando una gruesa cortina de humo tras la que no he vuelto a verle nunca más. Hace 10 años de todo aquello. Las historias tienden a repetirse, y uno tiende a intentar resolverlas otra vez.
    No olvido, no perdono, aunque siempre haya personas, que como fantasmas recurrentes, despiertan con sus actos las viejas paranoias. Tal vez aquella historia, la más dolorosa de mi adolescencia, me preparó para que hoy, de ocurrir un caso semejante,  no me duela igual. Era entonces tan virgen al dolor como al placer, y Daniel, casi sin tocarme, me inició en ambas cosas.
     Hay hombres cuya belleza es una flor ponzoñosa, y esconde un profundo temor a  a afrontar sus propias emociones. Su perfume les envuelve de una sustancia similar a la de los sueños y construyen castillos en el aire sobre lo que puedas sentir por ellos, mucho más allá de dónde tú imaginaste ir jamás. Nunca terminan el camino que empezaron, no son capaces de sostenerte la mirada de un modo transparente, y sienten absoluto terror a que mires en el fondo de su alma y descubras que tienen cierto cuadro escondido en el ático. Supongo que,pese a lo imposible de la empresa, aún espero que, de encontrarme con un segundo, un tercero de estos Dorians perdidos por el mundo, alguno de ellos tenga el valor de cogerme de la mano, llevarme a esa habitación oscura, y mostrarme sin tapujos, lo más podrido de su alma, y preguntarme, si pese a las moscas y los gusanos que la devoran, estoy dispuesta a ser su amiga, y que si les contestó que sí, sean capaces de soportar mi apuesta, y poner sus 100 libras también sobre la mesa.


 Tres LInks relacionados:
Forever Young: 
Capítulo anterior de esta historia dedicado a su hermano Freddi y en el que menciono a Daniel por primera vez y su papel en mi vida.

Camouflage: The Great Comandment
(La música que le debo y con la que bailaba sóla en la oscuridad de mi habitación contemplando el cielo estrellado sobre el atlántico, sabiendo que ése sería el rastro más personal de él que tuviese como recuerdo durante el resto de mi vida. A veces, caminaba por la calle y creía olerle tras cada esquina y muchas de las veces que percibía su aroma... coincidía que aquella tarde tropezaba con sus ojos verde fuego en algun rincón de la ciudad. Es una canción que aún me duele escuchar, aunque a veces la he pedido en el Dark Hole... porque mis pasiones, aunque no sean amorosas, son inmortales mientras yo siga viva. Nada perece en mi interior, sólo se transforma, adquiriendo formas menos consistentes y agresivas para que pueda convivir con ellas, pero aquello que se ha ganado un hueco en mi alma... jamás me abandona, y lo más curioso es que tampoco quiero que lo haga)

Sobre las presencias recurrentes.... algo de mi momento actual...
Ghost: Depeche Mode

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